El Mundial de México, Canadá y Estados Unidos estuvo salpicado por muchas polémicas, antes incluso de su comienzo, por el país anfitrión, USA.

Donald Trump, una figura mediática, criticada, alabada, etc. Sin embargo, en este Mundial, fue muy criticado, porque es evidente que no se puede hacer un torneo de estas características a gustos personales, tampoco se puede hacer a lo yanqui. No sé puede, el fútbol es mucho más que eso, está por encima de todo eso. Porque una frase que se ha repetido mucho en este Mundial, es real: “Lo que la política rompe y divide, el fútbol es lo único capaz de solucionarlo y vertebrarlo”.
El torneo arrancó mal, por el conflicto que Estados Unidos -y especialmente Donald Trump- tiene con Irán. La participación de los iraníes no estaba asegurada, de hecho, en un momento se vieron fuera. Al final, con un permiso muy especial, la Selección de Irán pudo disputar el torneo (solo podían estar en el país americano las horas del partidos, después, tenían que volver a su campamento base en México. No podían hacer noche en EE.UU). Además, el mejor árbitro africano, Omar Abdulkadir Artan, no pudo ser arbitrar este Mundial por ser de Mongolia. Otra chapuza más de la FIFA. Thomas Partey, jugador de Ghana, tuvo muchos problemas para entrar a los diferentes países. Algo parecido con Elye Wahi, jugador de Costa de Marfil. El delantero iraquí Aymen Hussein fue interrogado durante horas a su llegada a Chicago, mientras que las selecciones de Senegal y Uzbekistán fueron sometidas a rigurosos controles de seguridad en el país. Y así, podríamos estar horas y horas…

Además, la relación entre Trump e Infantino puede parecer algo positivo para el torneo, pero en este caso, todo lo contrario. El presidente de los Estados Unidos y el presidente de la FIFA tienen una estrecha relación, la cual, es extraña, porque la FIFA ‘no se mete en la política’, papanatas… Trump llamó a Infantino para que le quitasen la roja a Florian Balogun, que pudo jugar los Cuartos de Final, que no les sirvió, porque Bélgica pasó por encima a los de Mauricio Pochettino. Vaya, ‘piensa mal y acertarás’ ¿verdad?.
A pesar de todo esto, el fútbol volvió a pasar por encima de todo esto. Porque la mítica celebración de Noruega, a lo vikingo, dio la vuelta a todo el mundo. Las lágrimas de los jugadores paraguayos al eliminar a Alemania en los Dieciseisavos de Final. La celebración ecuatoriana por pasar de la fase de grupos. Las lágrimas de Leo Scaloni, en la rueda de prensa final, por perder la final del Mundial. La felicidad española por conquistar la segunda estrella. Las míticas remontadas de Argentina ante Egipto o Inglaterra. Las lágrimas de Vozinha, portero de Cabo Verde, tras empatar 0-0 ante España, en el debut mundialista. La unión de la Selección de Irán, pese a todas las adversidades… también podríamos seguir con todo esto, y es lo que realmente hay que poner en valor.
“Lo que la política rompe y divide, el fútbol es lo único capaz de solucionarlo y vertebrarlo”, y así se ha visto en este Mundial 2026. Lo que ha destruido Infantino y Trump, los aficionados del fútbol lo han vuelto a unir. Y, personalizando, en España, lo que ha destruido la política española, lo ha reconstruido Luis de la Fuente y los 26 jugadores crampones del mundo. Gracias, chicos, gracias. ¡VIVA ESPAÑA!





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