El conjunto blanco y el jugador brasileño se han entablado a negociar esta semana. Semana definitiva para esta situación.

Vinicius Jr entrenando con sus compañeros, en su primer día de trabajo; foto: Cadena SER.

El fútbol actual es un tablero de ajedrez implacable donde los sentimientos de pertenencia a un escudo a menudo se estrellan contra la cruda realidad de los balances financieros y las jerarquías de vestuario. El clima alrededor de Vinicius Jr. en el Real Madrid ha alcanzado un punto de ebullición que recuerda a los grandes culebrones de Chamartín. Con su renovación completamente estancada, la sombra de una posible salida planea con más fuerza que nunca. Y la situación no hace más que enrarecerse con su reincorporación a los entrenamientos bajo las órdenes de un técnico de carácter tan volcánico como José Mourinho, un escenario que promete tensión desde el primer minuto.

El meollo del asunto económico es simple sobre el papel, pero insostenible en la práctica. Vinicius solicita percibir 30 millones de euros netos por temporada, una cifra que le colocaría de golpe en la cúspide salarial absoluta del planeta fútbol. Actualmente percibe unos 15 millones netos, por lo que su pretensión pasa por duplicar sus emolumentos de manera drástica.

Aquí es donde el club debe aplicar la lógica empresarial antes que el sentimentalismo. El brasileño acumula dos temporadas muy lejos de su mejor versión, envuelto en demasiadas polémicas extradeportivas que desgastan tanto su imagen como la de la institución. No se puede exigir el estatus salarial de número uno indiscutible cuando el rendimiento sobre el césped ofrece tantas dudas y altibajos.

A todo este cóctel se le suma un problema táctico y de jerarquía evidente: Kylian Mbappé es el líder indiscutible del equipo. El encaje de Vinicius con el astro francés nunca ha terminado de fluir con naturalidad debido a la superposición de zonas de influencia en el ataque.

Mientras tanto, la maquinaria blanca no se detiene. El Real Madrid está a un paso de cerrar la incorporación de Yan Diomande por una cifra superior a los 100 millones de euros, un movimiento estratégico que evidencia la firme intención del club de blindar su parcela ofensiva con savia nueva. Además, la sombra del Arsenal acecha muy de cerca, atento a cualquier resquicio para intentar pescar en río revuelto en este mismo mercado ante la falta de acuerdo.

Llegados a este punto, la postura del Real Madrid debe ser firme. Con un contrato que finaliza en 2027 y el riesgo real de que entre en su último año libre de cargas o presione para salir a coste cero, la entidad blanca se debería plantar y proceder a su venta.

Retener a un jugador descontento, que pide una ficha desproporcionada para lo que demuestra actualmente en el campo, que no termina de engranar al lado de Mbappé y que genera un foco constante de ruido mediático no es negocio para nadie. Traspasar a Vinicius permitiría equilibrar las cuentas de manera sobresaliente, financiar con garantías la llegada de nuevas figuras y, sobre todo, dejar claro que en el Real Madrid ningún jugador está por encima de la estabilidad y la jerarquía colectiva.

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