La IFAB amplía los supuestos de intervención del videoarbitraje a partir del Mundial, aumentando la polémica en torno a su impacto en el juego

El VAR llegó para ayudar a los árbitros, supuestamente; foto: ABC.
El VAR llegó para ayudar a los árbitros, supuestamente; foto: ABC.

Estados Unidos – El debate sobre el uso del VAR en el fútbol sigue creciendo. Las intervenciones en jugadas que no parecen “claras y manifiestas” han generado malestar entre jugadores y aficionados, que ven cómo el ritmo del juego se interrumpe cada vez más. Una crítica que verbalizó recientemente Sergio Camello tras un partido del Rayo Vallecano: Qué bonito era el fútbol cuando era fútbol… ahora ya no son los protagonistas los futbolistas.

Lejos de reducir su protagonismo, el VAR tendrá aún más peso en el futuro inmediato. La International Football Association Board (IFAB) ha aprobado nuevas normas que se estrenarán en el próximo Mundial 2026 y que posteriormente se aplicarán en las competiciones domésticas. El objetivo es hacer el juego más justo, pero el camino elegido apunta a un VAR más intervencionista. A los cuatro supuestos ya existentes —gol/no gol, penalti/no penalti, roja directa y confusión de identidad— se suman ahora dos nuevas situaciones revisables.

La primera gran novedad afecta a las segundas tarjetas amarillas. Hasta ahora, solo las expulsiones por roja directa podían ser revisadas. Con la nueva normativa, el VAR podrá intervenir si considera que una segunda amarilla —y por tanto la expulsión— es claramente incorrecta.

La segunda modificación tiene que ver con los saques de esquina. Se podrán revisar aquellos concedidos de forma errónea, siempre que la corrección pueda realizarse de inmediato y sin retrasar la reanudación del juego. Un matiz que genera dudas, ya que no está del todo claro qué se considerará una intervención “rápida” en la práctica.

Estas medidas llegan en un contexto de creciente crítica al sistema. Aunque buscan mayor justicia arbitral, también pueden acentuar uno de los principales problemas actuales: la pérdida de fluidez en el juego. El fútbol del futuro, por tanto, se enfrenta a un dilema evidente: más control para evitar errores… pero a costa de un espectáculo cada vez más fragmentado.

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