Un polémico arbitraje de Vincic y la expulsión de Camavinga dinamitan un partido épico (4-2) en el que los blancos remontaron tres veces. El Bayern de Kompany castigó la fragilidad defensiva madridista y accede a semifinales, dejando al Madrid vacío en abril

Münich, Alemania – No hubo épica, solo un epílogo tortuoso. El Real Madrid se despidió de la Champions League en el Allianz Arena tras caer derrotado ante el Bayern de Múnich, cerrando de forma abrupta una temporada que ya se califica de «horrenda». A pesar de mostrar una versión competitiva y valiente que no se había visto en todo el curso, el equipo de Álvaro Arbeloa sucumbió ante la pegada bávara y una decisión arbitral que incendió el tramo final del encuentro.
El proyecto que nació en agosto como una apuesta de autor se desmorona a mitad de abril. Ni el intervencionismo de Xabi Alonso en la primera mitad del curso ni la gestión de Arbeloa han logrado frenar un desplome que ya anunció Ancelotti meses atrás: falta de intensidad, de trabajo colectivo y de una estructura capaz de sostener el talento individual.
El partido fue una montaña rusa desde el segundo 35. Un error impropio de Manuel Neuer permitió a Arda Güler marcar el 0-1 desde 35 metros con una sutileza de interior. Sin embargo, la alegría fue efímera; el Bayern igualó mediante un córner olímpico de Kimmich que Pavlovic cabeceó en la misma línea ante la pasividad de Lunin.
El Madrid, que hoy apostó por un once lleno de «peloteros» con Valverde y Bellingham en el eje, volvió a adelantarse gracias a una falta magistral de Arda Güler, que firmaba su doblete particular. Pero de nuevo, la fragilidad defensiva condenó a los blancos: Harry Kane empató antes del descanso aprovechando un desajuste entre Militao y Alexander-Arnold.
Tras el paso por vestuarios, la intensidad no decayó. El Bayern golpeó primero con un cabezazo de Upamecano, pero el Madrid respondió con orgullo. Kylian Mbappé, tras una gran asistencia de Jude Bellingham, puso el 2-3 que igualaba la eliminatoria global. Parecía que el Madrid tenía el partido donde quería, con Neuer salvando milagrosamente un remate violento de Mbappé que pudo ser la sentencia.
Sin embargo, el guion se torció de forma irreversible en el minuto 78. Eduardo Camavinga, que había entrado para dar equilibrio, vio una segunda amarilla «ridícula» por desplazar el balón tras una falta. Con uno menos, el Madrid se hundió. Luis Díaz, el más incisivo de los locales, anotó el 3-2 tras un rebote afortunado en Militao, y ya en el descuento, Olise remató la faena para el 4-2 definitivo.
La frustración estalló tras el pitido final con la expulsión de Arda Güler por sus protestas a Vincic. El Madrid mereció una despedida más digna por lo visto en el Allianz, pero el fútbol no entiende de méritos puntuales cuando la trayectoria anual ha sido errática.
Con la Champions perdida y la Liga sentenciada, el club entra en una fase de introspección profunda. Se esperan movimientos de calado este verano para transformar un grupo de estrellas en el equipo que la afición exige. El «efecto Arbeloa» no fue suficiente y el Madrid, por primera vez en años, se enfrenta al vacío competitivo antes de que termine la primavera.





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