El delantero africano está siendo objeto de debate, esta temporada, a pesar de ser la referencia en el ataque del BVB

Guirassy celebrando un gol con el Borussia Dortmund; foto: Bundesliga.
Guirassy celebrando un gol con el Borussia Dortmund; foto: Bundesliga.

Dortmund, Alemania – El fútbol tiene memoria corta, pero también una capacidad cruel para amplificar cada error. Serhou Guirassy vivió 93 minutos que resumen a la perfección su temporada en el Borussia Dortmund: altibajos constantes, ansiedad por reivindicarse y una montaña rusa emocional que terminó con alivio… y nuevos interrogantes.

El delantero guineano fue protagonista absoluto en la agónica victoria ante el 1. FC Heidenheim (3-2). Antes del descanso, su actuación estuvo marcada por la precipitación. Se mostró ansioso, acelerado, empeñado en resolver cada jugada por su cuenta. Falló decisiones claras, entorpeció acciones colectivas y dejó la sensación de un atacante que lucha más contra sí mismo que contra los defensores rivales.

Todo cambió en el minuto 68. Penalti para el Dortmund y silencio absoluto en el estadio. Sin Emre Can en el campo y con Ramy Bensebaini en el banquillo, la responsabilidad quedó en el aire. Nico Schlotterbeck tomó el balón… y, en el último instante, se lo cedió a Guirassy. Era un acto de fe.

El delantero no dudó. Carrera firme, disparo potente. Aunque el guardameta Diant Ramaj llegó a tocar el balón, este acabó dentro. El empate desató a un jugador que parecía liberado. Apenas 84 segundos después, firmó el 3-2 con un remate que, tras un ligero desvío, se coló en la portería rival. De villano a salvador en cuestión de minutos.

Pero la tarde aún guardaba un último giro. En el tramo final, Guirassy volvió a provocar un penalti. Otra vez Schlotterbeck custodió el balón. Otra vez se lo entregó al delantero. Esta vez, el disparo se marchó por encima del larguero. El ‘hat-trick’ se evaporó y con él la oportunidad de cerrar el capítulo de su crisis con un golpe definitivo.

“En el segundo penalti quería intentar algo distinto”, reconoció el técnico Niko Kovac, crítico con la decisión. El propio Guirassy fue más directo: “Los penaltis han terminado para mí por ahora. A veces se marcan, a veces no. Esto es fútbol”.

El delantero terminó el partido exhausto, agachado junto a la tribuna sur, reflejo físico y emocional de una temporada inestable. Marcó, falló, se redimió y volvió a errar. En definitiva, fue Guirassy en estado puro: talento indiscutible, confianza frágil y una lucha permanente por reencontrarse consigo mismo.

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