La derrota ante Osasuna deja al equipo hundido anímicamente y sin margen de error en el tramo decisivo de LaLiga

Sevilla, España – El Sevilla FC vive uno de los momentos más críticos de su historia reciente. Las imágenes tras la derrota en El Sadar ante CA Osasuna reflejan a la perfección la situación: jugadores cabizbajos, rostros tapados y lágrimas sobre el césped. A falta de cinco jornadas, el descenso ya no es una amenaza lejana, sino una realidad cada vez más cercana.
Y duele más por cómo ocurrió. El equipo de Luis García Plaza compitió, mostró una versión mucho más sólida y llegó a verse fuera del descenso gracias al gol de Neal Maupay. Pero todo se vino abajo con la remontada rojilla, dejando una sensación de impotencia devastadora tanto en el vestuario como en la grada.
Tras el pitido final, el impacto emocional fue evidente. Canteranos como Kike Salas o Isaac Romero no pudieron contener las lágrimas, mientras otros jugadores permanecían inmóviles, sin saber cómo reaccionar. Gabriel Suazo, capitán en Pamplona, resumió el sentir del grupo: “Estoy con un nudo en la garganta… quedan cinco finales y me voy a jugar la vida por esta institución”.
El propio técnico tampoco ocultó su frustración: “Te quedas con cara de idiota porque el equipo no merece esta derrota”, una frase que define el estado anímico del vestuario: incredulidad, rabia y la sensación de que cada error se paga demasiado caro.
La clasificación no da tregua. El Sevilla es antepenúltimo y está a un punto de la salvación, marcada por el Mallorca, aunque con el golaveraje perdido frente a varios rivales directos, lo que le obliga a recortar al menos dos puntos reales. El margen de error es mínimo… o directamente inexistente.
El calendario tampoco invita al optimismo: Real Sociedad, Espanyol, Villarreal, Real Madrid y Celta serán los últimos obstáculos. Cinco partidos que ya no son partidos: son finales. Nervión será clave, el último refugio de un equipo que necesita reconstruirse anímicamente a contrarreloj. Porque ahora mismo, más allá del fútbol, el Sevilla pelea contra algo aún más peligroso: el miedo a caer.






Deja un comentario