El guardameta donostiarra detuvo dos penaltis en la tanda decisiva tras un empate agónico (2-2) en los 120 minutos. El equipo de Matarazzo levanta su cuarto trofeo copero ante un Atlético que igualó el choque por dos veces

Sevilla, España – La historia tiene una forma poética de repetirse. Si en 1987 fue Luis Miguel Arconada quien alzó la Copa en los penaltis ante el Atlético de Madrid, 39 años después, el escenario y el desenlace han sido idénticos. Unai Marrero, vestido con la misma estética que el mítico capitán, se convirtió en el héroe de la Cartuja al detener los lanzamientos de Sorloth y Julián Álvarez, permitiendo que Pablo Marín certificara el cuarto título de Copa del Rey para la Real Sociedad.
El partido fue un monumento a la intensidad y al drama, con una Real que golpeó primero y un Atlético que, fiel a su ADN, nunca dejó de creer, forzando una prórroga que ambos equipos terminaron pidiendo la hora.
Cualquier plan táctico saltó por los aires antes de que el público se acomodara. A los 14 segundos, un error en cadena de Nahuel Molina y Giuliano Simeone permitió que Guedes pusiera un centro medido para que Ander Barrenetxea batiera a Musso de cabeza. Fue el gol más rápido en la historia de las finales de Copa.
El Atlético encajó el golpe y se encomendó a la verticalidad de Ademola Lookman. El nigeriano avisó primero y no perdonó después: tras una gran jugada colectiva, sacó un zurdazo cruzado al que Marrero no pudo llegar. Sin embargo, en el suspiro final de la primera parte, un error de Musso al salir a por un balón dividido terminó en penalti sobre Guedes. Mikel Oyarzabal, infalible, puso el 2-1 antes del descanso.
En el segundo acto, el Atlético dominó pero careció de electricidad hasta que el Cholo movió el banquillo. La entrada de Nico Williams y Alexander Sorloth dio otro aire a los madrileños. La Real, dirigida por Pellegrino Matarazzo, se defendía con orden, pero cuando el título parecía viajar hacia San Sebastián, apareció Julián Álvarez. En el minuto 83, «La Araña» cazó un balón en la frontal y, con un zurdazo seco al palo corto, dejó a Marrero como un espectador más.
La prórroga fue un intercambio de golpes agotador. Julián rozó el triplete con un disparo a la escuadra, mientras que la Real, exhausta, comenzó a buscar deliberadamente la tanda de penaltis, confiando en la mística de su portero.
En la tanda de penaltis, la figura de Marrero se agigantó bajo los palos. Sus paradas a Sorloth y a Julián Álvarez recordaron a las mejores noches europeas de la Real. Los lanzadores donostiarras no fallaron, y el canterano Pablo Marín asumió la responsabilidad del quinto disparo para desatar la locura en la marea txuri-urdin desplazada a Sevilla.
La Real Sociedad rompe así la sequía y vuelve a reinar en su competición fetiche, dejando al Atlético de Simeone con la miel en los labios tras una remontada que se quedó a once metros de la gloria. El 19 de abril de 2026 ya es una fecha grabada en oro junto a la de 1987: la noche en la que Unai Marrero decidió que el pasado y el presente vistieran el mismo uniforme.





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