La eliminación de la Azzurra rumbo al Mundial 2026 provoca una crisis institucional que ya deja varias salidas clave

Roma, Italia – El fútbol italiano vive uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Gabriele Gravina ha presentado su dimisión como presidente de la Federación Italiana de Fútbol tras la eliminación de la selección en la repesca europea, lo que deja a Italia fuera de un Mundial por tercera vez consecutiva.
La derrota ante Bosnia en Zenica fue el detonante definitivo. La Selección de Italia cayó en la tanda de penaltis ante Bosnia y Herzegovina, certificando su ausencia en el torneo que organizarán Estados Unidos, México y Canadá. Un nuevo golpe para una potencia histórica que ya había fallado en Mundial de Rusia 2018 y Mundial de Qatar 2022.
Gravina, de 72 años, llevaba en el cargo desde 2018 y había resistido anteriores fracasos, pese a que bajo su mandato Italia también firmó una decepcionante actuación en la Eurocopa 2024, cayendo en octavos. Su gran logro fue la conquista de la Eurocopa 2021, pero no ha sido suficiente para sostener su proyecto.
“Hay amargura, pero también serenidad”, aseguró el dirigente tras anunciar su salida, adelantándose a las presiones políticas y mediáticas. El ministro de Deportes italiano, Andrea Abodi, había reclamado públicamente una renovación profunda: “El fútbol italiano debe refundarse”.
La crisis no se limita a los despachos. El actual seleccionador, Gennaro Gattuso, podría ser el siguiente en salir, mientras que Gianluigi Buffon ya ha dimitido como mánager general de la Nazionale tras la marcha de Gravina.
El proceso electoral ya está en marcha, con una asamblea prevista para el 22 de junio en Roma. Entre los posibles sustitutos destaca Giovanni Malagò, en un contexto donde la reconstrucción parece inevitable.
Además, la situación institucional podría agravarse. El presidente de la UEFA, Aleksander Čeferin, ha advertido que Italia podría perder la organización de la Eurocopa 2032 si no mejora sus infraestructuras, calificando sus estadios como “entre los peores de Europa”.
Italia entra así en un periodo de transición total, obligada a redefinir su estructura, su proyecto deportivo y su imagen internacional tras uno de los mayores colapsos de su historia.





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