El bajón del inglés coincide con un equipo menos fluido, pero su impacto sigue siendo estructural en el proyecto de Arteta

Bukayo Saka empezó jugando de lateral izquierdo; foto: Goal.com.
Bukayo Saka empezó jugando de lateral izquierdo; foto: Goal.com.

Londres, Inglaterra – El Arsenal FC vive una temporada notable, con opciones reales de título en varias competiciones, pero la reciente derrota en la final de la Carabao Cup ante el Manchester City ha abierto un debate inevitable: ¿hasta qué punto depende el equipo de Bukayo Saka?

El extremo inglés, capitán en esa final, no atraviesa su mejor momento. Desde el cambio de año solo ha marcado dos goles y sus cifras, sin ser malas, están por debajo de los estándares que él mismo ha establecido. En la Premier suma seis tantos en 27 partidos, números discretos para un jugador que es el eje ofensivo del equipo. Sin embargo, el contexto es clave. Saka no solo produce cifras, también condiciona partidos. Es habitual ver cómo los rivales le asignan dos o incluso tres defensores, lo que libera espacios para sus compañeros. Su influencia va más allá de los goles y asistencias.

El problema para el Arsenal es que esa red de conexiones a su alrededor se ha debilitado. Las lesiones de Martin Odegaard, Ben White o Kai Havertz han roto una de las sociedades más productivas del equipo en banda derecha. Además, la adaptación de Viktor Gyokeres no ha terminado de encajar con los automatismos ofensivos.

A todo esto se suma el desgaste físico. Saka ya acumula casi 3.000 minutos esta temporada y más de 300 partidos con el primer equipo del Arsenal a sus 24 años. Su técnico, Mikel Arteta, siempre ha defendido que las estrellas deben jugarlo todo, pero el calendario empieza a pasar factura.

Desde la selección inglesa también hay preocupación. El nuevo seleccionador, Thomas Tuchel, ya ha comenzado a gestionar sus cargas de trabajo pensando en el próximo Mundial. Y voces como la de Wayne Rooney apuntan a que el extremo podría estar acusando el exceso de partidos. Aun así, reducir el debate a una simple “dependencia” sería simplificar demasiado. El Arsenal no es un equipo que viva exclusivamente de Saka, pero sí es cierto que su mejor versión eleva al colectivo a otro nivel. Cuando él no brilla, el equipo pierde desequilibrio, profundidad y capacidad de decidir partidos cerrados.

Paradójicamente, esta puede acabar siendo una de las temporadas más importantes de su carrera. No por sus números, sino por su impacto en momentos clave. Si el Arsenal logra levantar un gran título, Saka seguirá siendo el símbolo de un proyecto que gira, inevitablemente, a su alrededor.

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