El técnico mueve piezas tras otra lesión en el calentamiento y prueba a Bukayo Saka en el eje del ataque

Londres, Inglaterra – Mikel Arteta ha tenido que acostumbrarse esta temporada a sobresaltos de última hora. La retirada de Riccardo Calafiorien el calentamiento ante el Wigan fue la tercera vez que el Arsenal FC pierde a un titular justo antes de empezar un partido. Pero esta vez, más allá del contratiempo, el técnico español dejó una pista táctica que puede marcar el futuro inmediato del equipo: Bukayo Saka actuando como número 10.
A diferencia de anteriores ocasiones ante Brighton y Leeds, cuando optó por sustituciones naturales en la misma posición, Arteta agitó el tablero. Myles Lewis-Skelly pasó del centro del campo al lateral izquierdo y Saka, aún recuperando ritmo tras sus molestias en la cadera, fue ubicado en una posición más centrada, por detrás del delantero.
La decisión no fue casual. Las bajas en la medular condicionan al Arsenal: Martin Odegaard, Kai Havertz y Mikel Merinoestán lesionados, mientras que Ethan Nwaneri se encuentra cedido en el Marsella. En ese contexto, Arteta exploró una alternativa que ya había probado en 2020, cuando Saka actuó por dentro ante el Brighton.
El experimento ofreció matices interesantes. Desde el costado derecho, Saka juega condicionado por la línea de banda; en el carril central, en cambio, dispone de 360 grados para decidir. Puede girar, filtrar pases o conducir hacia cualquiera de los dos perfiles. Esa libertad le permitió intercambiar posiciones con Noni Madueke, generar superioridades y participar en el tercer tanto ante el Wigan tras una combinación por la derecha.
Arteta no escondió que la prueba puede repetirse. “Es una posibilidad que tenemos y quería probarla”, reconoció el técnico, dejando abierta la puerta a que el internacional inglés vuelva a ocupar ese rol en los próximos compromisos, empezando por el duelo ante el Wolves.
Más allá de la coyuntura de las lesiones, la variante ofrece ventajas estructurales. El Arsenal rota constantemente manteniendo su dibujo, lo que dificulta a los rivales fijar referencias en la presión. Con Saka por dentro, esa fluidez se multiplica: abandona el ala, arrastra marcas y habilita espacios para que Madueke o el lateral ganen amplitud.
También existe un beneficio estadístico. Aunque Saka suma siete goles y siete asistencias en 33 partidos esta temporada, sus cifras están por debajo de lo que suele producir. Ubicarlo más cerca del área puede potenciar su capacidad de disparo, ya sea con sus habituales roscas desde la derecha o con golpes más potentes desde el perfil izquierdo del mediocampo ofensivo.
El riesgo, eso sí, aumenta. Perder el balón en zonas centrales expone más al equipo en transición. Sin embargo, la fiabilidad técnica de Saka —capaz de recibir de espaldas, girar bajo presión y proteger el balón— reduce ese peligro y añade una dimensión diferente a un Arsenal que, bajo Arteta, suele preferir atacar por fuera antes que fracturar por dentro.
La emergencia obligó a innovar. Ahora queda por ver si la solución coyuntural se convierte en una evolución permanente en el ataque ‘gunner’.





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