La FIGC estudia cambios en el protocolo VAR ante el auge de las simulaciones

La expulsion de Kalulu en el partido ante el Inter; foto: Telepraphi.
La expulsion de Kalulu en el partido ante el Inter; foto: Telepraphi.

Milán, Italia – No hay reacción oficial del entorno ‘azzurro’ tras la acción protagonizada por Alessandro Bastoni en San Siro, una jugada marcada por la simulación y el posterior gesto de júbilo que terminó confundiendo a un árbitro señalado por su bajo nivel y desembocó en la expulsión de Pierre Kalulu. No es la primera vez que un futbolista engaña a un colegiado sobre el terreno de juego, sea internacional italiano o no. Pero el episodio ha reabierto el debate sobre los límites éticos y reglamentarios dentro del fútbol moderno.

Algunos recuerdan figuras como Gennaro Gattuso, símbolo de carácter competitivo sin teatralizaciones, y deslizan que en marzo, en Coverciano, podrían llegar mensajes claros sobre el comportamiento que se espera de quienes visten la camiseta de la selección. Si todos los que exageran contactos o reclaman faltas inexistentes quedaran fuera de las convocatorias, el seleccionador apenas tendría efectivos disponibles.

Sin embargo, el caso Bastoni se percibe como más grave por la consecuencia directa que tuvo en el partido: una inversión total de la sanción disciplinaria que condicionó el encuentro. Más allá del error puntual, preocupa la creciente normalización del “arte” de engañar, una práctica que encuentra terreno fértil en el uso imperfecto de la tecnología. El VAR, herramienta diseñada para reducir errores e injusticias, corre el riesgo de volverse contraproducente cuando es mal interpretado o aplicado con criterios inconsistentes.

El presidente de la Federazione Italiana Giuoco Calcio, Gabriele Gravina, ha abordado la situación con el designador arbitral Gianluca Rocchi tras lo ocurrido en el estadio milanés. En la federación se espera una modificación del protocolo que permita a la tecnología intervenir también en casos de simulación clara, una propuesta que podría debatirse en la próxima reunión de la International Board a finales de febrero.

Entre las soluciones que vuelven a ganar fuerza figura la recuperación de la llamada “prueba televisiva” para sancionar a posteriori a los jugadores sorprendidos fingiendo. Más allá del castigo, el objetivo sería disuasorio: reducir un fenómeno que deteriora la imagen del campeonato y alimenta la desconfianza en el arbitraje. Porque en este contexto, prevenir podría resultar más eficaz que castigar.

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