El fondo de inversión estadounidense está haciendo muchos intercambios de jugadores entre sus dos grandes equipos, Chelsea y RC Strasbourg

Stamford Bridge de noche, con las luces de Navidad puestas; foto: X.
Stamford Bridge de noche, con las luces de Navidad puestas; foto: X.

Londres, Inglaterra – La cesión de David Datro Fofana al Estrasburgo en el último día de mercado fue el duodécimo movimiento entre ambos clubes esta temporada. Un dato que empieza a llamar la atención en el ecosistema europeo. Desde que BlueCo —el consorcio liderado por Todd Boehly y Clearlake Capital— adquirió el club alsaciano en 2023, la conexión con el Chelsea FC se ha intensificado hasta niveles inéditos.

No hay acusaciones de irregularidad: todas las operaciones se han realizado dentro de la normativa. Pero el volumen de intercambios reabre el debate sobre los límites del modelo de multipropiedad (MCO) y si la FIFA o la UEFA podrían endurecer su postura en el futuro.

De socios estratégicos a cinta transportadora

Durante los primeros años de la asociación, el gran beneficiado parecía ser el RC Strasbourg Alsace. Con recursos económicos muy superiores a los habituales en la Ligue 1, el club pasó de inversiones moderadas a cifras cercanas a las de la élite francesa. El salto competitivo fue evidente.

Sin embargo, el flujo se ha invertido en el último año. El caso de Mamadou Sarr ejemplifica el nuevo patrón: fichado por el Chelsea, cedido al Estrasburgo para desarrollarse y recuperado cuando Stamford Bridge lo consideró oportuno. Una lógica interna clara desde el punto de vista empresarial, pero que alimenta la percepción de que el club francés actúa como satélite.

Algo similar ocurrió con Ishe Samuels-Smith o con Aaron Anselmino, reubicado estratégicamente cuando el primer equipo londinense necesitó reajustar piezas. En paralelo, el técnico Liam Rosenior acabó también en el Chelsea, decisión que generó malestar entre la afición alsaciana.

¿Puede intervenir la FIFA?

El precedente existe. En 2022, la FIFA reformó su reglamento de cesiones para frenar el “acaparamiento” de jugadores, limitando a seis los préstamos internacionales de mayores de 21 años y a tres por club receptor. El Chelsea fue uno de los catalizadores de aquel cambio.

Hoy, sin embargo, no parece haber voluntad inmediata de reabrir el reglamento. Penalizar específicamente a clubes bajo estructuras MCO podría generar conflictos legales y abrir la puerta a acusaciones de trato desigual, más aún cuando casi la mitad de los clubes de las cinco grandes ligas forman parte de redes similares.

Además, la UEFA ya ha actuado en otro terreno: el acceso a competiciones europeas. Casos recientes como el del Crystal Palace o el de Manchester City con Girona FC evidencian que el foco principal está en evitar conflictos de intereses deportivos más que en limitar transferencias internas.

¿Distorsión o ventaja competitiva?

El informe de la UEFA de 2023 ya advertía que la multipropiedad puede “distorsionar la actividad de transferencias”, especialmente cuando los precios responden a estrategias internas y no solo al mercado abierto. Sin embargo, es un fenómeno extendido. El modelo Red Bull o la histórica relación entre Watford y Udinese son ejemplos de estructuras similares.

Para el Chelsea, la narrativa es clara: desarrollo de talento, eficiencia en la inversión y flexibilidad estratégica. Para el Estrasburgo, la alianza ha supuesto crecimiento económico, acceso a scouting global y mayor capacidad para retener o revalorizar jugadores.

El problema surge cuando los intereses divergen. Si el Chelsea decide recuperar a un jugador clave o a un entrenador en plena temporada, el club francés tiene poco margen de maniobra. Esa es la naturaleza del acuerdo.

Un modelo que incomoda, pero crece

La multipropiedad no es nueva, pero su escala actual sí lo es. BlueCo ha llevado el modelo a una fase de integración casi total entre Chelsea FC y RC Strasbourg Alsace, convirtiendo la relación en una estructura dinámica de ida y vuelta constante.

Por ahora, ni la FIFA ni la UEFA han mostrado intención de intervenir más allá de los límites ya establecidos. El sistema funciona dentro de la legalidad. La cuestión no es si es reglamentario —lo es—, sino si altera la percepción de equidad competitiva.

Puede que a muchos aficionados no les entusiasme el modelo. Pero, como demuestra el caso BlueCo, no solo ha llegado para quedarse: está evolucionando.

Deja un comentario

Tendencias