El conjunto catalán está viviendo una situación muy dramática con la portería, en esta temporada

Girona, España – La temporada 2025-26 del Girona ha convertido la portería en un foco permanente de inestabilidad. Lo que arrancó como una apuesta ambiciosa por elevar el nivel bajo palos ha terminado derivando en un escenario casi paradójico: el equipo vuelve a depender de los mismos guardametas con los que inició el curso, pero tras meses de tensión, desgaste y planificación alterada.
La hoja de ruta parecía clara en verano. El club incorporó a Dominik Livaković, internacional croata, con la intención de reforzar y, en teoría, superar a Paulo Gazzaniga. La operación se encuadraba además en movimientos estratégicos dentro del grupo City, tras la salida de piezas en otros clubes vinculados. Sin embargo, el plan se torció desde el inicio.
El perfil del croata no encajaba plenamente en la idea de Míchel Sánchez, y la relación se deterioró rápidamente. El llamado ‘caso Livakovic’ explotó cuando el técnico reveló públicamente que el guardameta se negó a jugar para facilitar su salida en el mercado invernal. La tensión fue evidente y terminó con su marcha sin apenas impacto competitivo real, pero con un notable ruido institucional.
Con Livakovic fuera de escena, Gazzaniga recuperó la titularidad casi por obligación. El argentino ha sostenido al equipo en momentos delicados, acumulando intervenciones decisivas en un contexto donde cada error se magnificaba. En un Girona que ha transitado por zonas comprometidas de la clasificación, la narrativa de inseguridad bajo palos ha acompañado cada jornada.
En medio del terremoto, el club apostó por un golpe de efecto: la cesión de Marc-André ter Stegen. Su llegada generó ilusión inmediata por jerarquía y liderazgo. Su debut reforzó esa sensación de salto cualitativo. Pero la historia volvió a repetirse: una lesión frustró la continuidad del alemán y obligó a rehacer la planificación por enésima vez.
Mientras tanto, el joven Vladyslav Krapyvtsov, inicialmente tercera opción y proyecto de futuro, se vio empujado a un rol más protagonista por necesidad que por convicción. Su lesión a mitad de curso agravó la crisis, dejando al equipo en una situación límite durante varias semanas.
El resultado es un balance incómodo: recursos invertidos, fichajes mediáticos y cesiones de élite para terminar dependiendo de Gazzaniga y de un portero en formación. La gestión del conflicto con Livakovic refuerza el discurso interno de compromiso que defiende Míchel, pero expone grietas en la planificación. Deportivamente, la portería ha sido un reflejo de la temporada: reconstrucción constante, sensación de provisionalidad y margen mínimo para el error.
Y lo más exigente aún está por llegar.




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