El técnico estadounidense, desde que ha llegado a San Sebastian, no ha perdido ni un solo partido y le ha cambiado la cara al equipo

San Sebastián, España – Hace apenas un mes, la Real Sociedad caminaba por la cornisa. Cuatro jornadas sin ganar —tres derrotas y un empate—, solo dos puntos sobre el descenso y una grada de Anoeta que empezaba a desconectarse. Hoy el panorama es radicalmente distinto. Pellegrino Matarazzo ha transformado en tiempo récord a un equipo apagado en uno que vuelve a creer en Europa, que gana partidos en los últimos minutos y que ha reenganchado a su afición.
El técnico italo-estadounidense dirigió su primer entrenamiento en Zubieta el 29 de diciembre, tras ocho días de vacaciones navideñas que muchos consideraron excesivos para un equipo en crisis y con nuevo entrenador. Seis días después debutó ante el Atlético de Madrid. El empate supo a poco: 18 remates, ocho a portería, y una sensación de energía renovada que contrastaba con la imagen ofrecida semanas antes.
La primera gran decisión de Matarazzo fue táctica. Adiós al 1-4-3-3 que había marcado los últimos años, hola al 1-4-2-3-1. El dibujo puede parecer similar, pero el rendimiento fue otro. La inclusión de Turrientes en el doble pivote aportó equilibrio y claridad, mientras varios futbolistas recuperaron versiones que parecían olvidadas. El equipo volvió a competir.
Desde entonces, la reacción ha sido sostenida. Victoria en Getafe con un 1-2 en el minuto 96 tras encajar el empate en el 90. Remontada copera ante Osasuna después de ir 0-2 abajo. Triunfos ante Barcelona y Celta, mostrando capacidad de adaptación: defensa de cinco para contener a los azulgranas y resistencia numantina ante los gallegos tras la expulsión de Caleta-Car. En todos los casos, la Real respondió de inmediato a los golpes recibidos, una fortaleza mental que había desaparecido.
En ese resurgir, dos nombres simbolizan el giro: Turrientes y Álvaro Odriozola. El primero se ha consolidado como pieza clave en el nuevo sistema. El segundo, señalado como transferible en verano y con escaso protagonismo hasta ahora, se ha convertido en un revulsivo determinante. Su entrada ante Osasuna cambió la eliminatoria y volvió a ser decisiva en Liga. Son, en la práctica, los ‘fichajes’ de invierno de Matarazzo sin pasar por el mercado.
El aspecto físico también ha experimentado una notable mejoría. Un equipo que antes parecía sin gasolina para sostener 90 minutos ahora compite 120, como ocurrió en Copa. La recuperación de Oyarzabal, ausente en las derrotas que precipitaron el cese de Sergio Francisco, ha sido igualmente clave para reactivar el liderazgo ofensivo.
Pero más allá de la pizarra y el estado físico, el gran cambio parece estar en la cabeza. “Todo el mundo ha hecho click”, señaló Remiro. “Transmite energía y vitalidad, nos ha venido como anillo al dedo”, explicó Brais Méndez. El mensaje del nuevo técnico ha calado en el vestuario, algo que no logró el anterior cuerpo técnico pese a su vinculación con el club.
Matarazzo también ha sabido conectar con la ciudad. Se le ha visto paseando por la Parte Vieja, compartiendo charla con aficionados y adaptándose con naturalidad al entorno. Incluso pidió adelantar ensayos de la tamborrada para facilitar la asistencia al partido ante el Barcelona, y tras la victoria participó en la tradicional izada de bandera en la Plaza de la Constitución, gesto que reforzó su identificación con San Sebastián.
En apenas un mes, la Real ha pasado de mirar con angustia hacia abajo a ilusionarse con mirar arriba. La crisis parece lejana. Anoeta vuelve a vibrar. Y Matarazzo, con decisiones firmes, energía contagiosa y un sistema que ha devuelto el equilibrio, ha firmado una resurrección que pocos imaginaban tan rápida.





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