El conjunto de Anfield, cada vez que se enfrenta a defensas cerradas y muy juntas, sufre mucho para ganar los partidos

Arne Slot, sonriendo, en el centro de entrenamiento del Liverpool; foto: Liverpool Echo.
Arne Slot, sonriendo, en el centro de entrenamiento del Liverpool; foto: Liverpool Echo.

Liverpool, Inglaterra – Si hay un concepto que se ha repetido en las ruedas de prensa de Arne Slot esta temporada es el de los “bloques bajos”. El técnico del Liverpool lo utiliza para describir a los equipos que se encierran cerca de su portería, reduciendo espacios y obligando a su rival a atacar en estático. Y, según el entrenador neerlandés, ahí es donde su equipo está encontrando más dificultades este curso.

Tras conquistar la Premier League la pasada campaña en su primer año en Anfield, el Liverpool ha perdido fluidez y regularidad. Slot ha señalado en varias ocasiones que romper defensas muy cerradas se ha convertido en un problema estructural. La leyenda red Steven Gerrard restó importancia al asunto —“los bloques bajos han existido siempre”—, pero los datos respaldan al actual técnico: el Liverpool es el equipo que más veces se ha enfrentado a este tipo de planteamientos en la liga, con un 26% de sus partidos condicionados por rivales que defienden muy atrás.

Paradójicamente, en Europa el panorama es distinto. En sus dos últimos encuentros de Champions, los reds han marcado nueve goles y no han encajado ninguno, beneficiándose de adversarios más abiertos y dispuestos a intercambiar golpes. En la Premier, en cambio, los espacios escasean.

Uno de los caminos para desatascar partidos, según Slot, son las acciones a balón parado. Sin embargo, el Liverpool no está explotando esa vía. Solo Nottingham Forest genera menos goles esperados (xG) en jugadas de estrategia. La salida del técnico de balón parado Aaron Briggs en diciembre y la ausencia de lanzadores habituales como Alexander-Arnold o Robertson han afectado. Dominik Szoboszlai ha asumido buena parte de los córners, pero la variedad y la amenaza han disminuido respecto a la temporada pasada.

Otra herramienta clave era el desborde individual. Jeremie Frimpong aportaba velocidad y desequilibrio para generar superioridades en banda y obligar a las defensas a hundirse aún más. Su reciente lesión muscular supone un golpe importante. Sin ese desborde constante, extremos como Salah o Gakpo tienden a recortar hacia dentro y finalizar desde posiciones lejanas, muchas veces ante murallas de piernas.

Los disparos desde fuera del área se han convertido en un recurso frecuente, aunque no siempre eficaz. Ante Burnley, el Liverpool intentó 32 tiros, 14 desde fuera del área, con seis bloqueados. Para que esta fórmula funcione, el equipo necesita más movilidad sin balón que desorganice las líneas rivales y genere segundos de ventaja.

Slot también ha señalado el contraataque como alternativa. Sin embargo, muchos rivales han optado por minimizar riesgos: son el equipo que más pases largos recibe en la liga, con oponentes que renuncian a elaborar para evitar pérdidas peligrosas. Ante ese contexto, el Liverpool ha reducido la intensidad del pressing alto que caracterizó la era Klopp.

En los últimos encuentros, la sociedad entre Florian Wirtz y Hugo Ekitike ha ofrecido señales positivas. Sus combinaciones en espacios reducidos han permitido romper defensas compactas mediante paredes rápidas y movimientos coordinados. Es una vía que requiere tiempo y automatismos, pero puede ser la llave para la segunda mitad del curso.

Slot afirmó en septiembre que prefería enfrentarse a bloques bajos porque su equipo tendría más posesión. Los meses recientes parecen haber matizado esa idea. Ahora, el desafío para el Liverpool es convertir ese dominio territorial en soluciones reales ante defensas que, cada vez más, le esperan agazapadas.

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