PSG, Marsella y Mónaco encajan 11 goles en apenas 12 tiros a puerta y reabren el debate sobre la fragilidad defensiva en Europa

Francia – La Champions League dejó una estadística demoledora para el fútbol francés esta semana. PSG, Olympique de Marsella y Mónaco encajaron 11 goles tras conceder solo 12 disparos a puerta, un dato que resume con crudeza las dificultades que atraviesan los equipos galos —y, en particular, sus porteros— en la máxima competición continental.
La cifra, eso sí, requiere matices. Dos de esos goles fueron en propia puerta: uno de Thilo Kehrer en la durísima goleada del Real Madrid al Mónaco (1-6) y otro de Gerónimo Rulli en la derrota del Marsella ante el Liverpool (0-3). Aun así, la sensación general fue de una efectividad casi total de los rivales cada vez que lograron rematar entre palos.
El caso más llamativo fue el del Mónaco, que recibió seis goles en solo cinco tiros a puerta del Real Madrid. Una noche para el olvido en defensa, agravada por el contraste en la otra portería: los monegascos dispararon seis veces entre palos, pero se toparon con un Thibaut Courtois imperial, autor de cinco paradas decisivas. La diferencia entre ambos guardametas resultó determinante para explicar el resultado final.
El PSG tampoco salió indemne. Los parisinos cayeron ante el Sporting de Portugal (1-2) tras encajar dos goles en cuatro tiros a puerta. Lucas Chevalier realizó dos paradas, pero volvió a quedar en evidencia la eficacia rival. En el otro lado del campo, Rui Silva fue clave para los lisboetas, con cinco intervenciones que sostuvieron a su equipo en los momentos de mayor presión.
En el Vélodrome, el panorama fue similar. El Olympique de Marsella concedió tres goles en tres disparos a puerta, uno de ellos en propia meta de Rulli, que solo pudo realizar una parada en toda la noche. De nuevo, la comparación fue dolorosa: Alisson Becker, portero del Liverpool, firmó cuatro paradas y volvió a marcar diferencias.
Más allá de los errores individuales, la estadística refleja una realidad inquietante: cada llegada clara del rival se tradujo casi siempre en gol. Una tendencia que penaliza al fútbol francés en Europa y que vuelve a poner el foco en la solidez defensiva y el rendimiento bajo palos en las grandes noches continentales.





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