Con 174 millones de liquidez y un patrimonio neto positivo de 190 millones, el club de De Laurentiis sufre las restricciones federales por un tecnicismo contable en la amortización de fichajes

Napoli, Italia – El Nápoles vive una de las situaciones más paradójicas del fútbol europeo actual. A 30 de junio de 2025, el club partenopeo presentaba una liquidez de 174 millones de euros y un patrimonio neto positivo de 190 millones, cifras que lo sitúan entre las entidades más saneadas de la Serie A. Sin embargo, pese a esa fortaleza económica, el conjunto azzurro se ha encontrado con el mercado prácticamente bloqueado por las normas federales de control financiero.
La explicación no está en una mala gestión ni en inyecciones extraordinarias del propietario. Desde que Aurelio De Laurentiis se hizo cargo del club en 2004, tras la quiebra, impuso un modelo de autosuficiencia financiera. El resultado: un balance agregado positivo de 120 millones de euros en dos décadas, combinando sostenibilidad económica y éxito deportivo, con dos Scudetti en los últimos tres años.
Entonces, ¿por qué el Nápoles está limitado? La clave está en el indicador del “coste laboral ampliado”, que incluye salarios, amortizaciones y comisiones. Según la normativa de la FIGC, estos gastos no pueden superar el 80% de los ingresos, porcentaje que bajará al 70% para alinearse con los criterios UEFA. El problema no es el volumen de gasto, sino cómo se contabiliza.
A diferencia de la mayoría de clubes, el Nápoles utiliza un sistema de amortización a cuotas decrecientes en los fichajes. En contratos de cinco años, el coste se reparte en un 40% el primer año, seguido de 30%, 20%, 7% y 3%. Es un método prudente, pensado para reducir riesgos de devaluación, pero que penaliza a corto plazo en los controles federales.
Un ejemplo claro es Beukema, fichado por 30 millones: en el primer ejercicio computa 12 millones en amortización en lugar de los 6 millones que supondría una cuota constante. En un club que ha iniciado un nuevo ciclo con Antonio Conte, con una inversión de 300 millones en fichajes (164 en 2024-25 y 136 en la primera mitad de 2025-26), el impacto es inmediato.
La distorsión es tan evidente que el Consejo Federal corrigió la normativa en diciembre, permitiendo que los clubes con cuotas decrecientes puedan usar el criterio de amortización constante para el cálculo del coste laboral. El problema es el calendario: la modificación no entrará en vigor hasta mayo de 2026. Para este mercado invernal, el Nápoles ha tenido que aplicar la normativa antigua.
El resultado es una paradoja total: un club ejemplar en gestión, con dinero en caja y un proyecto ambicioso, limitado por un tecnicismo contable que no refleja su verdadera salud financiera. Un caso que reabre el debate sobre si las normas de control económico están midiendo realmente la sostenibilidad… o simplemente castigando a quien invierte con prudencia.





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