Una propuesta política desde Berlín reaviva la tensión internacional con Donald Trump y abre el debate sobre una Copa del Mundo sin grandes potencias europeas

Washington DC, Estados Unidos – A solo cinco meses del arranque del Mundial 2026, la FIFA observa con creciente inquietud un frente totalmente inesperado. La mayor Copa del Mundo de la historia, con 48 selecciones y organizada por Estados Unidos, México y Canadá, se ve ahora salpicada por una crisis geopolítica que amenaza con trasladarse directamente al terreno deportivo.
El origen del conflicto está en Donald Trump, de nuevo instalado en la Casa Blanca, que ha reactivado su controvertida intención de anexionar Groenlandia a Estados Unidos bajo el argumento de la “seguridad nacional”. La propuesta ha provocado una respuesta airada de Dinamarca, de la Unión Europea y de la OTAN, abriendo una grieta diplomática que no deja de ensancharse.
Desde Alemania ha llegado el aviso más contundente. Jürgen Hardt, dirigente de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y figura próxima al canciller Friedrich Merz, deslizó en una entrevista a Bild una posibilidad que ha hecho saltar todas las alarmas en Zúrich: el boicot alemán al Mundial 2026. “Cancelar el torneo solo se consideraría como último recurso para que el presidente Trump recapacite sobre la cuestión de Groenlandia”, afirmó, dejando claro que el fútbol podría convertirse en herramienta de presión política.
La amenaza no es menor. Alemania, tetracampeona del mundo (1954, 1974, 1990 y 2014), es uno de los pilares históricos del torneo tanto en lo deportivo como en lo económico. Su ausencia supondría un impacto millonario para la FIFA y para los países organizadores, además de un duro golpe a la credibilidad del evento.
El contexto internacional no ayuda a calmar las aguas. La administración Trump ha impuesto aranceles del 10% a ocho países europeos, entre ellos Alemania, Francia y Dinamarca, en represalia por su oposición al plan sobre Groenlandia. A esto se suma un clima interno en Estados Unidos marcado por redadas migratorias, protestas sociales y una creciente tensión política, mientras el país se prepara para acoger la mayor cita futbolística del planeta.
El debate se ha amplificado con la intervención del periodista británico Piers Morgan, cercano a Trump, que lanzó una provocadora reflexión en redes sociales: “¿Y si Inglaterra, Francia, España, Alemania, Portugal, Países Bajos, Noruega e Italia suspenden su participación en el Mundial?”. Un escenario extremo que dejaría al torneo sin la mayoría de sus grandes favoritos y que pondría a la FIFA ante un dilema histórico.
Por ahora, todo permanece en el terreno de la amenaza y la especulación. Pero si alguna federación da el paso definitivo, el Mundial 2026 podría enfrentarse a una crisis sin precedentes antes incluso de que ruede el balón. La pelota, esta vez, no está en el césped, sino en los despachos del poder político internacional.





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