El extremo del Bodø/Glimt firma otra noche histórica en Champions ante el Manchester City y se reivindica como la pieza que le faltaba al gran relato del fútbol noruego

Hogh marcando gol a Donnarumma; foto: BBC.
Hogh marcando gol a Donnarumma; foto: BBC.

Bodo, Noruega – El fútbol noruego vive uno de los momentos más dulces de su historia. Con Erling Haaland como bandera mundial y Martin Ødegaard como socio de élite, la selección ha regresado a una Copa del Mundo 28 años después. En ese relato triunfal siempre pareció faltar un tercer nombre, el del talento que debía completar el tridente. Jens Petter Hauge (1999)parecía destinado a ese papel, pero su carrera tomó desvíos inesperados. Hasta ahora. Como una aurora boreal que irrumpe cuando menos se espera, el extremo del Bodø/Glimt volvió a brillar en la noche grande, esta vez para tumbar al Manchester City de Pep Guardiola en el Aspmyra Stadion.

La historia de Hauge es la de una irrupción fulgurante y un aprendizaje a contracorriente. En el verano de 2020, una actuación descomunal ante el Milan —gol y asistencia en la previa de la Europa League— lo lanzó al escaparate europeo. En cuestión de horas, el club ‘rossonero’ cerró su fichaje por menos de cinco millones de euros. “Mi teléfono se llenó de mensajes y, unas horas después, era jugador del Milan”, recordó el propio Hauge. Estaba llamado a ser uno de los rostros de la reconstrucción, pero su etapa en San Siro fue breve. Un año después, el Eintracht Frankfurt apostó fuerte por él, aunque tampoco encontró continuidad lejos de casa.

El regreso a Bodø, en enero de 2024, lo cambió todo. Allí, en el norte de Noruega, Hauge recuperó algo más que minutos: recuperó identidad. “Aquí puedo caminar, pescar en un lago… eso fue lo que más extrañé cuando estaba en Milán”, confesó. Esa paz se tradujo en fútbol. Fue decisivo en la clasificación histórica del Bodø/Glimt para la Champions y está siendo uno de los grandes agitadores de la fase liga: doblete al Tottenham, gol al Dortmund y, ahora, otra exhibición ante el City.

Su último tanto resume por qué un día el Milan se fijó en él. Recibió abierto a la izquierda tras una pérdida rival, encaró sin miedo, se fabricó el espacio y clavó un disparo a la escuadra que desató la locura en el estadio. Hauge volvió a mandar un mensaje claro: el talento sigue ahí, más maduro y más completo. Tres pases clave, regates constantes y faltas recibidas firmaron otra actuación total.

A sus 26 años, Hauge vuelve a entrar en la conversación. Recuperado por Ståle Solbakken para la selección y compitiendo con una nueva generación de extremos, el noruego ya no parece el eslabón perdido. Ha encontrado su lugar, su contexto y su momento. Incluso en los rincones más fríos del planeta, el sol siempre termina saliendo.

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