El triunfo por 2-0 en la Champions League frena la crisis, calma a parte de la grada y mantiene con vida al técnico danés, aunque las dudas siguen muy presentes en la Premier League

Londres, Inglaterra – El Tottenham vivió una noche de alivio en la Liga de Campeones. Cuando el ambiente alrededor de Thomas Frank era irrespirable y muchos aficionados daban por hecho su destitución en caso de un nuevo tropiezo, los Spurs respondieron con una victoria sólida ante el Borussia Dortmund (2-0) que, al menos de forma momentánea, cambia el relato. Los goles en la primera mitad de Cristian Romero y Dominic Solanke no solo acercan al equipo a los octavos de final, sino que también conceden oxígeno a un entrenador cuestionado desde las gradas y los despachos.
El contexto era especialmente delicado. Apenas tres días antes, el Tottenham había sido despedido con una sonora pitada tras caer en casa ante el West Ham, un resultado que dejó al equipo anclado en la 14ª posición de la Premier League y a Frank en el centro de todas las críticas. Incluso antes del inicio del duelo europeo, el anuncio de su nombre por megafonía volvió a generar burlas entre parte del público. Sin embargo, el pitido final transformó los murmullos en aplausos.
La primera parte fue, probablemente, la mejor del Tottenham en semanas. Intensidad, presión alta y verticalidad permitieron a los londinenses mandar con claridad y marcharse al descanso con una ventaja merecida. En la segunda mitad, el equipo optó por un registro más conservador, algo que volvió a generar frustración en algunos sectores de la afición, pero esta vez el plan funcionó y el Dortmund apenas inquietó.
Pese a la victoria, el debate sigue abierto. Muchos seguidores mantienen su desconfianza hacia Frank, al que acusan de no dar continuidad al buen juego durante los 90 minutos. Otros, en cambio, vieron señales de que el técnico aún tiene margen para reconstruir el proyecto. Lo que sí quedó claro es que el vestuario sigue con el entrenador. La actitud, el compromiso colectivo y la imagen de unidad tras el descanso fueron interpretadas como una muestra de respaldo interno.
El propio Frank insistió en ese mensaje tras el partido: “Los jugadores lo están dando todo. Eso dice mucho de la cultura del equipo y de que seguimos juntos”. La victoria, además, refuerza una paradoja que marca la temporada del Tottenham: malos resultados en la liga doméstica, pero un rendimiento notable en Europa, donde solo han perdido uno de sus últimos siete encuentros.
El siguiente capítulo llegará el fin de semana ante el Burnley en la Premier. Ahí se medirá si este triunfo fue solo un alivio pasajero o el primer paso de una reacción real. Porque en el Tottenham, una noche europea puede cambiar el ánimo, pero no borra las dudas.





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