Los Leones de Teranga levantan su segunda Copa África después de una prórroga marcada por la polémica, un penalti fallado por Brahim y un amago de retirada que Sadio Mané evitó a tiempo

Jugador de Marruecos, en el suelo llorando y Gana Gueye, jugador de Senegal, celebrando; foto: Diario de Sevilla.
Jugador de Marruecos, en el suelo llorando y Gana Gueye, jugador de Senegal, celebrando; foto: Diario de Sevilla.

Rabat, Marruecos – No es un error ni una exageración: la final de la Copa África 2025 se decidió en la prórroga tras un desenlace absolutamente insólito. Senegal conquistó el título en Rabat después de 114 minutos de tensión extrema, decisiones arbitrales controvertidas, un penalti fallado en el último suspiro y un episodio que estuvo a punto de terminar con los campeones abandonando el terreno de juego. La imagen que lo resume todo es la de Sadio Mané corriendo al vestuario para convencer a sus compañeros de regresar al campo cuando la final pendía de un hilo.

Marruecos tenía ante sí una oportunidad histórica. Cincuenta años después, podía volver a proclamarse campeón continental y hacerlo en casa, con el estadio Prince Moulay Abdellah teñido de rojo. El ambiente fue ensordecedor desde el inicio, con una grada volcada que pitó cada posesión senegalesa. Aun así, fue Senegal quien llevó la iniciativa en los primeros minutos y quien tuvo las ocasiones más claras del primer tiempo, con Bono erigiéndose en salvador con un pie milagroso ante Ndiaye y un seguro blocaje a un cabezazo de Pape Gueye.

El paso de los minutos equilibró el duelo. Marruecos creció con Brahim, El Khanouss y Abde, pero sin precisión en el último gesto. El miedo a perder fue imponiéndose al deseo de ganar y el partido entró en una fase de batallas constantes, choques duros y máxima cautela. Todo parecía encaminado a la prórroga hasta que el añadido se convirtió en un caos absoluto.

El árbitro congoleño Jean-Jacques Ndala Ngambo fue el gran protagonista negativo. Primero anuló un gol a Senegal por una falta muy discutida sobre Hakimi y, acto seguido, señaló un penalti extremadamente dudoso a favor de Marruecos tras revisión del VAR. La decisión colmó la paciencia senegalesa y Pape Thiaw ordenó a sus jugadores abandonar el campo, prolongando el descuento hasta los 24 minutos y poniendo en serio riesgo la final.

Ahí apareció Mané. Consciente de que podía ser su última Copa África, pidió dignidad y regreso al césped. Senegal volvió. Y el destino cambió el guion. Brahim lanzó el penalti a lo Panenka y Mendy lo detuvo, dejando a Marruecos moralmente tocado. En la prórroga, Pape Gueye cazó un balón y, casi cayéndose, firmó un latigazo imparable a la escuadra. Marruecos rozó el empate con un remate al palo, Senegal perdonó el segundo… pero el título ya no se escapó.

Senegal celebró su segunda Copa África en territorio hostil, mientras Marruecos pasó de la ilusión máxima al drama absoluto. Una final épica, polémica y ya eterna en la historia del fútbol africano.

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