El nuevo técnico del Chelsea afronta una misión histórica: acabar con más de tres décadas sin un campeón inglés en los banquillos

Inglaterra – La llegada de Liam Rosenior al Chelsea no es solo un movimiento relevante para el club londinense, sino también un símbolo de una vieja deuda del fútbol inglés consigo mismo. Desde la creación de la Premier League en 1992, ningún entrenador inglés ha logrado proclamarse campeón del torneo. El último en hacerlo fue Howard Wilkinson con el Leeds United en 1991-92, cuando la competición aún se denominaba Primera División.
Desde entonces, la lista de campeones ha estado dominada por técnicos extranjeros. Sir Alex Ferguson levantó el trofeo en 13 ocasiones con el Manchester United, mientras que Pep Guardiola suma seis títulos con el Manchester City. A ellos se añaden nombres como Arsène Wenger, José Mourinho, Carlo Ancelotti, Antonio Conte, Jürgen Klopp o Roberto Mancini, configurando un panorama en el que el talento foráneo ha marcado la pauta desde los banquillos.
En este contexto, Rosenior, de 41 años, aparece como una anomalía y una esperanza. Es uno de los pocos entrenadores ingleses permanentes en la Premier League, junto a Eddie Howe (Newcastle), Sean Dyche (Nottingham Forest) y Scott Parker (Burnley). El caso de Michael Carrick, interino en el Manchester United hasta final de temporada, se percibe más como una solución temporal que como una apuesta de largo recorrido.
La escasa presencia de técnicos nacionales contrasta con lo que sucede en el resto de las grandes ligas europeas. En Italia, España, Alemania y Francia, la mayoría de los entrenadores son del propio país. Inglaterra, en cambio, ha abierto sus puertas a 92 técnicos no británicos o irlandeses a lo largo de la historia de la Premier League, una cifra que explica en parte esta sequía.
La irrupción de entrenadores extranjeros coincidió con un cambio de paradigma. La llegada de Wenger al Arsenal en 1996 transformó hábitos, métodos y mentalidades. Poco después, el Chelsea de Mourinho inauguró una era de éxitos inmediatos que reforzó la idea de buscar entrenadores contrastados fuera de Inglaterra. Desde entonces, los grandes clubes rara vez han apostado por técnicos locales para liderar proyectos ganadores.
Algunos exjugadores apuntan a la falta de oportunidades como la raíz del problema. Tony Pulis lo resume con crudeza: si los entrenadores ingleses no dirigen a los equipos con mayor talento y recursos, difícilmente pueden ganar la liga. Otros, como Gary O’Neil, creen que la Premier es tan competitiva que nadie recibe un gran banquillo “por cortesía”: hay que ganárselo.
Rosenior ha llegado al Chelsea por una vía distinta, ligada al modelo de multipropiedad de BlueCo, tras su paso por el Estrasburgo. Para algunos, como Wayne Rooney, su ascenso puede abrir un camino para una nueva generación de técnicos ingleses, tradicionalmente relegados a proyectos de segundo escalón.
El desafío es enorme. Terminar con más de 30 años de sequía exige no solo capacidad táctica, sino estabilidad, respaldo institucional y tiempo. Junto a Rosenior, nombres como Eddie Howe o incluso Frank Lampard aparecen como posibles candidatos a romper el maleficio. Pero la historia reciente enseña que la Premier League no concede favores: solo los proyectos sólidos y ganadores sobreviven. Rosenior ya está dentro. Ahora le toca intentar cambiar la historia.




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