El delantero canadiense no logra reencontrarse con su mejor versión seis meses después de su llegada a Turín

Turín, Italia – La llegada de Jonathan David a la Juventus estaba llamada a ser uno de los grandes golpes del mercado a coste cero. Sin embargo, medio año después de su desembarco en la Continassa, el balance es profundamente decepcionante. Tres goles en 24 partidos oficiales y un penalti fallado ante el Lecce han alimentado la sensación de que el ‘Iceman’, el delantero frío y letal que brilló durante cinco temporadas en el Lille, se ha diluido en un contexto que le ha superado desde el primer momento.
El impacto psicológico ha sido determinante. David llegó a Turín como el jugador mejor pagado de la plantilla y con la etiqueta de goleador contrastado, pero el escenario que encontró no fue el que esperaba. La continuidad inesperada de Dusan Vlahovic, su buen rendimiento inicial y, posteriormente, la llegada de un tercer delantero centro como Lois Openda, alteraron por completo el rol que el canadiense imaginaba para sí mismo. De aspirar a ser el ‘nueve’ indiscutible pasó a convivir con una competencia constante en un equipo diseñado para jugar con una sola referencia ofensiva.
Los primeros errores de cara a portería agravaron la situación. Ocasiones falladas ante Genoa, Villarreal, Milan o Pafos fueron minando su confianza hasta desembocar en el penalti errado contra Falcone, un momento que simboliza su crisis actual. Ni siquiera el gol decisivo en Bodo, en la Liga de Campeones, sirvió para cambiar una dinámica que parece enquistada.
A nivel táctico, la Juventus tampoco ha conseguido potenciar sus virtudes. Con Igor Tudor apenas fue titular en cuatro de los nueve partidos en los que estuvieron disponibles los tres delanteros, en un sistema que le obligaba a participar poco en el juego. Con Luciano Spalletti, su presencia ha aumentado y su contacto con el balón también, pero la chispa sigue sin aparecer. El técnico ha alternado mensajes duros con muestras públicas de confianza, consciente de que el problema va más allá de lo futbolístico.
El aspecto económico añade presión al debate. Entre primas, comisiones y un salario bruto elevado, cada gol de Jonathan David ha tenido un coste altísimo para el club, lo que ha acelerado el juicio de una afición que empieza a perder la paciencia. En Turín todavía hay quien apela al precedente de otros delanteros que necesitaron tiempo para adaptarse a la Serie A, pero el murmullo del Allianz Stadium ya suena a sentencia anticipada. Para muchos, en la Juventus solo se ha visto al David irreconocible, no al goleador que un día dominó Europa.




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