La costumbre de jugar partidos en Boxing Day y Año Nuevo hunde sus raíces en la Edad Media, las fiestas populares y los derechos laborales, mucho antes de la televisión

Inglaterra, Reino Unido – En el Reino Unido, la Navidad no se entiende solo como tiempo de reuniones familiares y comidas copiosas, sino también como una cita ineludible con el fútbol. Mientras la mayoría de ligas europeas paran durante al menos dos semanas, en Inglaterra los equipos de la Premier League están acostumbrados a competir sin descanso entre Boxing Day y Año Nuevo, una tradición que sorprende fuera de las islas pero que forma parte esencial de la cultura deportiva británica.
Lejos de ser una imposición moderna de las televisiones, el origen del fútbol navideño se remonta a siglos atrás, cuando las fiestas religiosas eran el escenario ideal para los grandes juegos públicos. Ya en el siglo XII existen referencias al llamado mob football o fútbol medieval, disputado en fechas señaladas como Navidad o Pascua, con pueblos enteros enfrentándose por una pelota. Algunas de estas tradiciones sobreviven hoy, como el Orkney Ba, que todavía se juega cada Navidad en Escocia.
Con la llegada del fútbol organizado en el siglo XIX y la fundación de la The Football Association en 1863, esta costumbre no solo se mantuvo, sino que se reforzó. En la era victoriana, los días festivos eran prácticamente la única oportunidad que tenía la clase trabajadora para acudir a los estadios. La ley de festivos bancarios de 1871, que reconoció oficialmente el Boxing Day como día no laborable, convirtió esa fecha en un imán para los clubes, que aprovechaban para programar partidos con llenos asegurados.
Durante décadas, el calendario fue extremo. Hubo equipos que llegaron a disputar dos partidos en dos días, e incluso tres en apenas cuatro jornadas durante la Semana Santa. En 1913, por ejemplo, el Liverpool encadenó encuentros en Navidad, Boxing Day y el día siguiente, algo impensable hoy, pero normal entonces.
Con el paso del tiempo, el fútbol en Día de Navidad fue perdiendo fuerza. A medida que mejoraron las condiciones de vida, el hogar pasó a ser el centro de la celebración y el transporte público comenzó a reducir servicios el 25 de diciembre. El último partido de liga jugado en Inglaterra ese día fue en 1965, y desde entonces el protagonismo se trasladó definitivamente al Boxing Day, que se mantiene como uno de los grandes rituales del fútbol británico.
No todos compartieron siempre esta tradición. Algunos futbolistas se negaron a jugar en festivos por motivos religiosos, amparados por las normas de la época, que impedían obligar a los clubes a competir en Navidad o Viernes Santo. Aun así, la costumbre sobrevivió y se consolidó como un rasgo diferencial frente a otros países europeos, donde el fútbol no se convirtió en espectáculo de masas hasta después de la Primera Guerra Mundial.
Hoy, amar o detestar el fútbol en Navidad es casi una cuestión identitaria en Inglaterra, pero pocos discuten que se trata de una tradición profundamente arraigada, incluso más antigua que muchas de las costumbres navideñas modernas. En el Reino Unido, el balón y la Navidad llevan siglos jugando en el mismo equipo.





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